Una persona, una vida: Abrazando la humanidad en el trabajo
En esta sociedad nos encanta hablar sobre el “equilibrio entre trabajo y vida personal”. Lo he puesto entre comillas a propósito. Porque la vida no se detiene entre reuniones y plazos. Y no dejamos de pensar en el trabajo en el momento en que salimos de la oficina. ¿Qué significa esto para las organizaciones y l@s emplead@s?
Habiendo trabajado con más de 40 organizaciones facilitando programas donde las personas realmente se han abierto – y reflexionando sobre mi propia vida y experiencias – hoy siento que esta reflexión y este artículo son más urgentes que nunca: necesitamos reconocer que, como seres humanos, somos una sola persona con un solo cerebro, un solo cuerpo y una sola vida. Lo que experimentamos nos afecta de manera integral – y, a menudo, en más de un área.
De alguna manera, seguimos creyendo que podemos “sacudir” nuestros asuntos personales en el momento en que cruzamos la puerta de la oficina – y quizás, durante un tiempo, lo logramos. Pero, al menos de manera inconsciente, lo que sucede en casa impacta en cómo actuamos, nos comunicamos e incluso cómo nos sentimos en el trabajo. Muchas personas no son conscientes de esto, intentan concentrarse al máximo y “tener todo bajo control”. Algun@s llaman a esto: ser profesional. Para mí, la profesionalidad tiene que ver con competencias e integridad, ética de trabajo, compromisos y esforzarse por mejorar nuestras habilidades. Pero esto no tiene nada que ver con dejar todas las emociones de lado. De hecho, no es posible. Nuestras emociones nos mueven. Y, en algún momento, afloran – a menudo en situaciones en las que no queremos que aparezcan. Por eso es tan importante aprender sobre nuestras emociones. (Puedes encontrar más detalles en mi Instagram: https://www.instagram.com/littlehealthyhabits_foryou/.)
Si conoces mi trabajo, sabrás que existen técnicas y actividades que a mí me parecen extremamente útiles (movimiento, reír, mindfulness, escritura, meditación, …) y que la concentración y el enfoque durante nuestras tareas profesionales son cruciales – también necesitamos, a veces, una “pausa” de nuestros asuntos personales. El trabajo puede ayudarnos mucho en ese sentido. Hasta en un caso de depresión puede ser recomendable seguir trabajando (eso lo tiene que determinar el/la médic@), porque mantener un horario diario y estar en un entorno diferente – que sea consciente y de apoyo – puede mejorar nuestro bienestar. Pero aquí está la parte importante: en un entorno consciente y de apoyo.
Y aquí quiero ser muy claro: ¿Cómo pueden los entornos, las organizaciones y las personas ser conscientes y ofrecer apoyo? Cuando saben.
La mayoría de nosotr@s no somos mag@s ni podemos leer la mente de l@s demás. Por ello preguntar es importante: “¿Cómo estás hoy?” Pero aun así, no siempre hay espacio suficiente para tener una conversación profunda, si yo no sé que la otra persona lo necesita. Lo que aprendí a lo largo de los años en mi carrera corporativa y confirmo con cada equipo: Tenemos que decirlo cuando necesitamos apoyo. Si tengo un mal día o sucede algo en casa que realmente me afecta, tengo la oportunidad de decirle a mi líder, compañer@, mentor/a (o incluso cliente o a quien considere necesario): “Necesito hablar contigo. Ha pasado algo.” Si no lo hago, ¿cómo podría saberlo esa persona? ¿Cómo podría apoyarme?
Esto es algo que Mel Robbins explica muy bien en su teoría de “Let Them” (“Déjalos”). “Deja que l@s demás actúen como actúan”. “Deja que piensen lo que quieran”. Pero también – y esto es importante: “Déjame decidir a mí cómo actuar, con integridad y consistencia”. “Déjame pedir lo que necesito”. Te dejo uno de sus videos para que puedas escucharlo directamente de ella: https://www.youtube.com/watch?v=c1orPqt6Wr0.
Siguiendo esta teoría y basándome en mi experiencia, lo resumiría así: l@s líderes y las organizaciones son responsables de ofrecer el apoyo, las herramientas y el entorno necesarios para que las personas tengan la oportunidad de estar bien en el trabajo. Esto implica ofrecer el espacio donde las personas se sientan lo suficientemente seguras como para expresarse. Por su parte, los equipos y l@s emplead@s son responsables de comunicarse de manera honesta, asumir la responsabilidad de sus compromisos y pedir apoyo cuando los desafíos personales comienzan a afectar el trabajo.
En las últimas semanas he hablado con vari@s managers que – después de años de no compartir casi nada sobre su vida personal – han comenzado a abrirse un poco más con sus equipos. Y los resultados han sido muy bonitos: me contaron el impacto que esto tuvo en el equipo, en la conexión con ell@s e incluso en el rendimiento. También me dijeron cuánta presión les quitó. Tuve esta experiencia yo misma en 2021, cuando lideré un equipo por primera vez y – atravesando un momento personal muy difícil – compartí con honestidad con mi equipo que estaba trabajando con una psicóloga y que podría necesitar apoyo con algunos proyectos en el trabajo. Tanto mis líderes como mi equipo me apoyaron de una manera increíble y también comenzaron a compartir más. Esto creó un espacio para que todos fueran honest@s, vulnerables y humanos. Y no, nuestros resultados no empeoraron – exactamente al contrario. La humanidad mejora el rendimiento, al menos desde mi experiencia personal y la de mis clientes.
Todo lo que he compartido también es válido a la inversa: cuando el trabajo nos afecta – en periodos de mucho estrés o intensidad, después de una conversación difícil, un mal día, un feedback complicado o situaciones similares – es importante compartirlo con nuestro círculo cercano, nuestra familia y amig@s. Sí, tod@s tenemos nuestros problemas personales y sí, lo sé, muchas personas no quieren “cargar más peso sobre nadie”. Pero en realidad no es así en absoluto. Cuando compartimos de manera honesta, l@s demás también comienzan a abrirse y esto crea un espacio donde podemos confirmar: “No estoy sol@ en esto. No soy el/la únic@ que está pasando por dificultades.” y ESTO es lo que necesitamos, en TODOS los entornos, tanto en el trabajo como en casa. Esto es lo que mejora nuestro sistema inmunológico, nuestra resiliencia y nuestro bienestar. Es humanidad y prevención en esencia. Tod@s podemos (y creo que debemos) contribuir a eso.
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